Con una mirada pétrea y presta
Como el osado trance de los videntes,
Contemplando todo su infortunio
Silente, con el semblante vidrioso –
Contempló Camelot.
...Y en el momento del atardecer
Desató la cadena, dejándose arrastrar
Por las amplias corrientes, que la arrastraron lejos,
A la Dama de Shalott.
Yacía vestida en níveo blanco
Que flotaba libre a ambos flancos –
Alzándose y cayendo a merced de la espuma,
De moribundos cisnes se oyeron los gorjeos,
Arrastrada por la corriente, a Camelot
Y mientras la proa vagaba sin mando
A lo largo de los campos y los saucedales,
Se oyó cantar su canción de muerte
A la Dama de Shalott.
Fue una melodía llena de duelo y súplica,
Cantada en alto, cantada en susurros,
Hasta que su sangre lentamente se congeló,
Y sus ojos se oscurecieron por completo,
Vueltos hacia la torre de Camelot;
Pues cuando alcanzó llevada por la corriente
El primer hogar junto a la orilla,
Murió mientras cantaba su canción
La Dama de Shalott.


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